Justicia Verdadera

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sábado, 27 de febrero de 2016

Defensa Budista del Derecho Humano a la Paz




Defensa Budista del Derecho Humano a la Paz
El pacifismo es el valor esencial tanto del Maitriyana como de los Derechos Humanos, estando presente en el histórico desarrollo de una civilización de paz cuyos instrumentos políticos, económicos, culturales y medioambientales estén regulados por la ética universal pacifista. En efecto, la paz no sólo es el Propósito (Dharma) del Socialismo Budista, sino que también es el orden social,[1] el ideal de la comunidad internacional,[2] el objetivo del derecho a la educación,[3] el bien de la seguridad,[4] el elemento esencial del desarrollo,[5] el derecho de todo ser humano y pueblo,[6] la aspiración humana y la obligación estatal.[7] Para el Maitriyana, una nueva civilización pacifista deberá sustituir a la actual civilización de guerra y violencia, pero ésta se originará en la mente de los sujetos, que es donde nacen verdaderamente los conflictos.[8] Así, en el Socialismo Budista se considera como paz integral a la interconexión entre la paz interna y la paz externa, siendo esta última el ideal de la armonía social, planetaria y cósmica.
En el Maitriyana, la Declaración Universal del Derecho a la Paz Mundial es precedida por dos mil seiscientos años de enseñanzas de maestros espirituales, quienes han sido los mayores expertos en el derecho humano a la paz que han existido en la historia. De esta manera, el sentido de Propósito (Dharma) del Ser Libre e Iluminado (Arhat-Bodhisattva) demanda a los Estados del mundo que abran sus prácticas de vida al claramente trascendente hito que implica la creación de una civilización global pacifista. Precisamente, es en el Socialismo Budista donde se plasma claramente esta búsqueda de la paz como valor universal y arquetipo de los derechos humanos, lo cual significa que la paz no sólo es la ausencia de la guerra, sino también la Cura (Nirvana) de los males de la injusticia, la ignorancia y la contaminación, eliminando todo tipo de violencia,[9] sea política, económica, cultural o medioambiental, tanto en el plano individual como en el plano colectivo. Este acontecimiento de la solidaridad en el mundo supone la evolución ética y el Despertar Espiritual (Bodhi) de la humanidad. El Maitriyana trabaja entonces por los derechos humanos sagrados, como son la paz, la vida sana y el medioambiente sustentable, considerando que el Derecho a la Paz Mundial es un derecho integrativo sin el cual los demás derechos individuales y colectivos carecen de importancia o validez. La concepción del derecho humano a la paz alcanza una validez global y universal, reafirmando el carácter intrínsecamente libre y espiritual de la naturaleza del ser humano, por lo que requiere que todos los gobiernos del mundo acepten estos fundamentos éticos para poder arribar al futuro. Por lo tanto, el maestro espiritual enseña que la paz es inherente a la dignidad del aprendiz, pero también es intrínseca al mundo del mañana donde la paz y la salud –la vida adecuada- serán el patrimonio más protegido por los pueblos.
El Socialismo Budista y su Declaración Universal del Derecho a la Paz Mundial significan el mayor avance del Camino de purificación de la humanidad e instauración de una civilización de paz, donde todo sujeto, grupo y pueblo disfruten del cumplimiento del derecho humano a la paz recta. Esto significa el Deseo de que toda la humanidad, sin discriminación alguna, tenga pleno acceso a la justicia social y la educación pacifista, generando vínculos sociales de solidaridad y apoyo mutuo para resolver justa y no-violentamente todo tipo de conflictos. Así, el aprendiz que desaprende el marco de la civilización de guerra se aleja de la política egoísta, la economía consumista, la cultura dualista y el medioambiente poluto. Este abandono es la adquisición de una competencia sumamente útil, pues la ética del Desapego es la máxima herramienta para participar en la sociedad con una actitud de prevención, solución y transformación de los problemas. Por ello, el Maitriyana es un sistema espiritual revolucionario que enseña a desaprender la guerra,[10] la injusticia, la ignorancia y la contaminación, construyendo una nueva identidad para el sujeto y el pueblo con el fin de lograr la Salvación de la Tierra (Gaia). Pero para ello se requiere la evolución de la consciencia planetaria, realizando los quehaceres de la paz, la libertad y el amor,[11] implementando la desobediencia civil de los Seres Libres e Iluminados (Arhats-Bodhisattvas) frente a la opresión de los Estados que violan el derecho humano a la paz y a la vida sana.
La paz mundial es el principal requisito pleno de la Libertad y los Derechos Humanos, aportando igualdad y fraternidad a todos los pueblos. La paz, la justicia y la sabiduría compasiva (prajña-karuna) forman un triángulo místico que es la plataforma del genuino desarrollo de la humanidad. Sin embargo, estas prácticas supremas dependen pura y exclusivamente de la identificación de las causas de los males globales, buscando su prevención desde las raíces mentales. Así, el maestro espiritual trabaja con coraje por la paz mundial y la vida saludable de todos los seres humanos, procurando transmitir un estilo de existencia vacía de codicia, odio y engaño. Sólo por medio de esta renuncia es que la violencia y la guerra pueden ser evanescidas, lo cual requiere el compromiso no sólo del aprendiz y del Estado sino también de toda la humanidad. La paz no es un tema individual ni estatal sino que es universal. Los problemas contemporáneos demuestran que es fundamental un nuevo sistema de civilización planetaria que no esté regido por la guerra sino por el pacifismo, influenciando los niveles de lo individual, lo nacional y lo mundial. Este Camino de paz debe estar garantizado por la protección de la justicia, la estabilidad del conocimiento y la armonía de la ecología, consolidando la democracia, la solidaridad y la esperanza como valores internacionales que impiden la aparición de la discriminación, el conflicto y el genocidio. El Ser Libre e Iluminado (Arhat-Bodhisattva) solicita entonces que los pueblos abandonen el poder de la fuerza armada y la reemplacen por el poder de la reconciliación. En este sentido, la contemplación revolucionaria (kakumeizen) es un llamado a los actos inegoístas en pos del bien de los demás, impulsando la transmisión de valores éticos basados en la rectitud, el conocimiento y la interexistencia. Estos principios universales son esenciales para la construcción y desarrollo de la civilización de paz, porque respetan en todo momento la dignidad intrínseca de toda la vida. Así, el maestro espiritual trae un mensaje de amor que puede sanar y transformar al mundo, fortaleciendo la identidad transindividual de los pueblos. Este proyecto de mundialización de la paz que proclama solemnemente el Socialismo Budista no lleva a la uniformidad y ausencia del conflicto, sino más bien a la unidad en la diversidad y a la superación de las divisiones ilusorias de cualquier índole, sea política, económica, cultural o medioambiental. Ante las amenazas de la discriminación, la violencia y la guerra, el Maitriyana hace hincapié en una modalidad superior del aprendizaje, enseñando al sujeto un pensamiento crítico capaz de asumir la responsabilidad sobre la propia vida. De esta manera, el aprendiz de meditación libertaria puede asumir el desafío de cambiar el mundo interno y externo, modulando su propio destino sobre la comprensión de que la paz no es una abstracción sino una práctica y estilo de vida. En definitiva, la paz es un proceso de Ascensión desde la opresión y alienación hacia la Liberación y Apertura (Sunyata), siendo una evolución espiritual centrada en la solidaridad como clave para el futuro de la humanidad. Por lo tanto, el Socialismo Budista hace suya la bandera de la paz, la justicia, la educación y la ecología con el fin de salvar a las generaciones presentes y futuras, asumiendo la misión mesiánica de proteger a la vida, la inteligencia y la Espiritualidad en todo el Universo. Esta es la principal posibilidad de cambiar el rumbo de autodestrucción del mundo, enseñando una vía hacia la paz y el progreso verdadero de los pueblos. Este Propósito (Dharma) demuestra que el Maitriyana es un Camino que salvaguarda el patrimonio ético y espiritual de toda la humanidad, protegiendo los valores universales de los ataques que reciben por parte de la sociedad superficial y materialista. Esto obliga al Socialismo Budista a denunciar al capitalismo salvaje como un sistema carente de Igualdad, del mismo modo que se denuncia al comunismo autoritario como carente de Libertad. En efecto, los cimientos de una civilización de paz no sólo requieren de la Libertad e Igualdad sino también de la Fraternidad y Solidaridad entre todos los seres humanos, erradicando la guerra, la pobreza, la exclusión, la discriminación, la ignorancia y la violencia. El sentido de la vida descubierto por el Maitriyana se encuentra en la convivencia pacífica, la generosidad, la razón, la conciencia plena y la humildad. Únicamente la responsabilidad ética y la voluntad desapegada, propias del conocimiento cumbre (satori) y la sabiduría compasiva (prajña-karuna), nutren la existencia de la humanidad y subliman a la pulsión de muerte y guerra en pulsión de vida y paz, transformando las lanzas en arados y pétalos de rosas. Por ello, las enseñanzas del Ser Libre e Iluminado (Arhat-Bodhisattva) son el más noble acto y obsequio que se puede otorgar a las generaciones del presente y futuro, celebrando la vida sana y adecuada a través de la Declaración Universal del Derecho a la Paz Mundial, la cual es el máximo instrumento del Socialismo Budista para respetar la naturaleza espiritual y la existencia digna de los pueblos. El Maitriyana es la máxima representación de la utopía de los derechos humanos, practicándolos y completándolos a través de la contemplación revolucionaria (kakumeizen) con el fin de que el mundo tenga un nuevo amanecer basado en las pautas concretas de la paz, la justicia, la educación y la ecología. La tolerancia, la no-violencia, la comprensión, el desapego, la solidaridad y la vida sin miedo son las condiciones fructíferas para el porvenir del Gran Despertar (Maha Bodhi) de toda la humanidad, construyendo el baluarte de la paz en el espíritu de todos los pueblos de la Tierra.[12]
La máxima contribución al Derecho a la Paz, paradójicamente, no ha provenido de instrumentos jurídicos internacionales sino de los ideales de los maestros espirituales, logrando la cristalización del derecho humano a la paz mundial, lo cual supone un salto evolutivo de la concepción ordinaria del ser humano como naturalmente bélico. Así, la doctrina del Socialismo Budista procura responder a los conflictos y guerras a través del pacifismo, considerando al derecho a la paz como un derecho humano supremo. Esto implica la invalidación total del uso de la fuerza violenta para solucionar conflictos individuales, nacionales o internacionales. En efecto, el Propósito (Dharma) del mantenimiento de la paz y la justicia a nivel mundial es la creación de una Tierra Pura o Reino de la Rectitud donde predomine la democracia, el derecho internacional, la educación para todos y el medioambiente sano. En efecto, el Maitriyana vislumbra y recrea nuevas perspectivas para la evolución ética de todo sujeto, grupo y pueblo. Esta nueva concepción de la responsabilidad de proteger la vida contribuye a la formulación de la civilización de paz. De esta manera, la teoría y práctica del Socialismo Budista encarna la convergencia entre paz, derechos humanos y ecología, comprendiendo en todo momento que el fundamento del derecho humano a la paz es proteger la libertad fundamental o dignidad humana intrínseca.[13] Esto contribuye a la comprensión, tolerancia y amistad entre toda la familia humana,[14] promoviendo el desarrollo de actividades de meditación libertaria para el mantenimiento de la vida sana y pacífica. Esta búsqueda de eliminar la guerra en la vida de los pueblos es la aspiración máxima tanto del Maitriyana como de los instrumentos de derechos humanos,[15] los cuales se comprometen al establecimiento de una paz justa y duradera a nivel mundial.[16] Esto implica tanto el desarme como la resolución pacífica de controversias. Sin embargo, aunque los derechos a la paz adecuada y al medioambiente sano son derechos humanos supremos, los gobiernos suelen considerarlos como derechos secundarios. La paz, tal como es concebida en el Socialismo Budista, incluye condiciones políticas, económicas, culturales y medioambientales para el ejercicio pleno de los derechos humanos.[17] En este sentido, la Declaración Universal del Derecho a la Paz Mundial reconoce a la paz como desarrollo integral en esos cuatro ámbitos, al mismo tiempo que se reconoce el derecho al desarrollo interior y las libertades fundamentales. Así, la paz y el medioambiente sano son la base para la supervivencia de la humanidad.[18] Por lo tanto, la paz es un valor y práctica suprema, siendo la condición necesaria para la Salvación y Evolución del mundo, desarrollando efectivamente los derechos humanos en todos los pueblos, lo cual significa reconocer el derecho a vivir sin conflictos armados, el derecho a un entorno seguro y sin armas, el derecho a un medioambiente sano, el derecho a la desobediencia civil, el derecho a la objeción de consciencia, el derecho a la oposición frente a la opresión, el derecho a la protección de los vulnerables, el derecho a la Justicia y la Verdad, el derecho al futuro y el derecho a la democratización de los gobiernos y organismos internacionales. El Maitriyana actúa entonces en nombre de toda la humanidad para reclamar el respeto y cumplimiento del Derecho a la Paz. El acontecimiento de la Declaración Universal del Derecho a la Paz Mundial es la cristalización de dos mil seiscientos años de Espiritualidad, brindando el marco jurídico y la guía ética para la construcción de una civilización pacifista.



[1] Declaración Universal de los Derechos Humanos.
[2] Declaración de Naciones Unidas sobre el fomento entre la juventud de los ideales de la paz, respeto mutuo y comprensión entre los pueblos.
[3] Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales.
[4] Declaración de Naciones Unidas sobre la afirmación y consolidación de la distensión internacional.
[5] Declaración de Naciones Unidas sobre el Derecho al desarrollo.
[6] Declaración de Naciones Unidas sobre la preparación de las sociedades para vivir en paz.
[7] Declaración de Naciones Unidas sobre el Derecho de los pueblos a la paz.
[8] Constitución de la UNESCO.
[9] J. Galtung, Peace by peacefully means.
[10] Anna Bastida, Desaprender la guerra: una visión crítica de la educación para la paz.
[11] F. Mayor Zaragoza, Derecho humano a la paz: germen de un futuro posible.
[12] El Derecho Humano a la Paz: Declaración del Director General de la UNESCO de 1997.
[13] C. Villan Duran, Hacia una declaración sobre el derecho humano a la paz.
[14] Declaración Universal de Derechos Humanos.
[15] Declaración sobre el Derecho de los pueblos a la paz.
[16] Declaración del Milenio.
[17] M. Aguirre, Los conflictos económicos y sociales y la paz: el caso de los Estados frágiles.
[18] Declaración de Luarca sobre el Derecho Humano a la Paz.

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