Justicia Verdadera

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domingo, 21 de febrero de 2016

Defensa Budista de la Democracia Verdadera




Defensa Budista de la Democracia Verdadera
En la civilización capitalista la adquisición de riqueza material parece ser un valor más importante que el de la democracia. De hecho, los gobiernos suelen considerar a ciertas prácticas democráticas como actos conspirativos, llegando incluso a realizar persecución política, económica y cultural hacia aquellos que piensan distinto y se expresan libremente. Esto implica que el significado de la democracia verdadera no es simplemente el sistema de elecciones limpias que posiciona en el Poder a los gobiernos a través de contundentes triunfos electorales, sino que más bien es el ejercicio de principios éticos y socialistas que son prodemocráticos.
La Espiritualidad Budista define a la democracia como un sistema político, económico y cultural de Libertad que lucha continuamente contra la perversión del Poder. De este modo, la teoría metapolítica de la Espiritualidad diferencia a los ideales democráticos de los meros procesos electorales que son periódicos,  competitivos y abiertos, pues la democracia verdadera no es la garantía de elecciones sino la intervención directa del pueblo en los programas y decisiones de gobierno, superando así las desventajas y desigualdades que sufren los individuos más oprimidos. En definitiva, el maestro espiritual afirma que todo aquello que no cumpla con los valores de la Libertad, la Igualdad y la Fraternidad no es democrático. El sufragio o las elecciones abiertas son entonces el punto de partida básico de la democracia, pero no su aspecto central o núcleo legítimo, el cual es el acuerdo, la responsabilidad y la participación activa en la toma de decisiones. Una práctica suficientemente democrática no puede ser llevada a cabo cada dos o cuatro años y sin importar lo que ocurre en el medio, sino que debe haber un control constante del pueblo sobre quiénes están en el Poder. Para la Espiritualidad Budista, la democracia verdadera se diferencia de la ilusión y el engaño de la democracia electoral, pues no alcanza con ganar elecciones transparentes para ostentar una legitimidad democrática. Para ello se deben asegurar las condiciones básicas de la Libertad, Igualdad y Fraternidad del pueblo durante los períodos interelectorales, regulando al Poder Ejecutivo a través de los poderes Legislativo, Judicial, Periodístico y Popular. Esto implica que no deben existir prohibiciones para la expresión de la sociedad y que debe haber una libre circulación de fuentes de información alternativas a las gubernamentales, pues el cuestionamiento hacia la versión oficial es un signo de salud democrática. Al mismo tiempo, la Espiritualidad Budista apoya la independencia de cada uno de los poderes del Estado, protegiendo el cumplimiento de la paz, justicia social y derechos humanos. Sólo el imperio de la ley ética puede proteger a la ciudadanía de la opresión gubernamental. En concordancia, el Ser Libre e Iluminado (Arhat-Bodhisattva) diferencia el origen electoral de un gobierno con respecto al ejercicio democrático, pues mientras el primero es una muestra de respaldo, en cambio el segundo es su legitimación. Así, la democracia verdadera es siempre un respeto por los Derechos Humanos, en lugar de una dictadura de la mayoría que cree que puede hacer cualquier cosa tras tener el apoyo electoral. De esta manera, la Espiritualidad Budista denuncia la baja calidad democrática que existe en muchísimos regímenes del mundo, criticando incluso a muchos que han surgido del voto popular. La calidad democrática está compuesta por el funcionamiento independiente del gobierno, la justicia y la legislación, simultáneamente garantizando el control efectuado por parte de la ciudadanía a través del periodismo y la expresión crítica libre, lo cual permite ejecutar políticas públicas que responden al bienestar del pueblo.
En la Espiritualidad Budista se propone una democracia verdadera que tiene la capacidad de llevar adelante elecciones regularmente, no con el fin de elegir a representantes sino con el objetivo de participar en la toma de decisiones a nivel nacional e internacional, pues ningún gobernante se encuentra más apto que cualquier ciudadano ordinario. De esta manera, el maestro espiritual critica la legitimidad democrática de muchos gobiernos del mundo, quienes carecen de un buen ejercicio democrático aunque cumplan con los requisitos mínimos de legalidad para la obtención del Poder. La Espiritualidad Budista califica entonces de pseudodemocrático a un país en el que el gobierno o poder ejecutivo controla directa o indirectamente a los poderes legislativo y judicial y realiza un control o persecución sobre la mayoría de los medios de comunicación masiva. En este sentido, se denuncia que muchos países con un sistema electoral democrático carecen de un ejercicio genuinamente democrático, desplegando un brutal poder gubernamental que se asemeja al de los monarcas o dictadores. Por ende, la misión del Ser Libre e Iluminado (Arhat-Bodhisattva) es luchar por la democracia verdadera para toda la humanidad, denunciando al engaño gubernamental y al malfuncionamiento de la justicia para traer Libertad, Igualdad y Fraternidad a todo el pueblo.

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