Justicia Verdadera

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domingo, 21 de febrero de 2016

Defensa Budista del Espíritu Republicano




Defensa Budista del Espíritu Republicano
Cuando Siddharta Gautama creó la comuna espiritual (sangha) hace dos mil seiscientos años se establecieron simultáneamente fundamentos republicanos esenciales para la Liberación del pueblo, pues mientras en el sistema monárquico existe un rey que posee todo el Poder, en cambio, en el sistema republicano coexisten varios administradores parciales del Poder. Por lo tanto, en la república de la comuna espiritual (sangha) coexisten varios poderes con el fin de evitar el autoritarismo, pues se considera peligroso que el Poder esté concentrado en una sola persona o entidad. Así, el sistema de la república de la comuna espiritual (sangha) es la máxima representación de la Libertad intrínseca del ser humano, protegiendo al pueblo incluso de aquellos que ostentan representarlo. En este sentido, el maestro espiritual es la encarnación del espíritu republicano, pues paradójicamente su liderazgo enseña la autolimitación de su propio poder. El Ser Libre e Iluminado (Arhat-Bodhisattva) tiene la función de despertar al pueblo, buscando la máxima armonía y equilibrio entre los poderes de la república. Esto significa que la Espiritualidad Budista es la Cura (Nirvana) frente a la crispación y conflicto del sistema global contemporáneo, como cuando el gobierno o poder ejecutivo suele avasallar la independencia de los poderes judicial, legislativo, periodístico y popular. De este modo, el Maitriyana libera a la sociedad de todo tipo de nostalgia monárquica o reminiscencia del poder autoritario, sublimando el impulso hacia la Unidad al ser el portavoz natural de la vocación democrática. La república de la comuna espiritual (sangha) es un sistema complejo que salvaguarda la Libertad de los miembros, pero sin caer en el libertinaje y el caos, motivo por el cual nunca debe mandar un solo sujeto en la cúspide del Poder. Así, la contemplación revolucionaria (kakumei-zen) es una resistencia libertaria inherente a la complejización de la sociedad. Éste Propósito (Dharma) de la Espiritualidad Budista asegura la Libertad del pueblo incluso por encima del orden del Estado, siendo una proeza democrática que propone construir la sociedad de abajo hacia arriba. Ergo, la disciplina de la meditación libertaria reconcilia a los pueblos a través de la autorrealización de la autonomía y autodeterminación, siendo un Camino Medio de espíritu republicano que afirma que los gobiernos no deben ser autoritarios para poder mantener el orden social. De hecho, el Maitriyana, cercano a la visión anarquista o socialista libertaria, trasciende los polos opuestos del salvajismo y el autoritarismo, creando un sistema capaz de sintetizar la libertad individual y la disciplina social por medio de la experiencia contemplativa. Precisamente, la experiencia de los maestros espirituales muestra que tal síntesis o reconciliación (maitri) es difícil pero indudablemente realizable, siendo un Camino que avanza hacia la evolución de la sociedad al superar los numerosos obstáculos que ponen los gobiernos sedientos de Poder permanente. De este modo, los Seres Libres e Iluminados (Arhats-Bodhisattvas) alientan el impulso perfeccionista con la ética del Desapego, lo cual implica superar las crisis a través del constante aprendizaje de la imperfección (dukkha) de la vida. En este sentido, cuando el error es comprendido, el mismo se convierte en una de las fuentes más generosas de la sabiduría compasiva (prajña-karuna). Aquí, la enseñanza de la Espiritualidad Budista no es la prohibición del errar, sino más bien el dejar de repetir (karma), actuando siempre con perseverancia y humildad pero nunca con tozudez o terquedad. Nutrido por la experiencia, el maestro espiritual insiste con esperanza en la posibilidad de fecundar un mundo mejor, encaminándose perennemente por el aprendizaje de vida.
El Maitriyana se pronuncia frente a los dilemas sociales por medio de la ética del Desapego, mostrando una alternativa a los extremos del autoritarismo y del libertinaje. Con dos mil seiscientos años de antigüedad, este movimiento espiritual es el más prestigioso de la historia, cumpliendo con la importante tarea de guiar al mundo por medio del contrapoder de la sabiduría compasiva (prajña-karuna). Así, es infructuoso intentar atreverse a desmentir o contradecir a la fuerza de la Espiritualidad Budista, incluso cuando se realiza una crítica a la intención de los gobiernos de intentar dominar la justicia y avasallar el espíritu republicano del equilibrio de poderes, el cual es la clave de la organización social. Ante una civilización capitalista basada en el belicismo, la desigualdad, la ignorancia y la contaminación, el Ser Libre e Iluminado (Arhat-Bodhisattva) reafirma y defiende el espíritu republicano, siendo el elemento fundamental que hace frente al impulso de dominio sin frenos ni controles que es propio del totalitarismo. El maestro espiritual siempre debe enseñar los límites al poder mundano, pues es la encarnación de la Libertad del pueblo. El espíritu republicano es entonces el equilibrio de poderes, siendo la síntesis o reconciliación (maitri) entre las fuerzas tensionadas del autoritarismo y el libertinaje, al mismo tiempo que se plantea que para no incurrir en la tiranía los poderes deben tener límites que vayan en pos del bienestar y el progreso de la sociedad. En este sentido, la república de la comuna espiritual (sangha) es un Camino Medio entre los polos extremos de la tiranía y el descontrol. Cuando se cultiva y madura el espíritu republicano como equilibrio dinámico de poderes, convirtiendo esta virtud en costumbre o hábito social, entonces la sociedad puede encaminarse hacia el acontecimiento de la vocación o Propósito (Dharma) del Despertar (Bodhi). Así, la tradición del Maitriyana interviene en el mundo como un sistema capaz de superar las dificultades y fracasos del pasado, evanesciendo las contradicciones a través de una ingeniería social que construye un nuevo tipo de humanidad madura y evolucionada, mucho más libre e iluminada, tras haber aprendido definitivamente de las enseñanzas de la historia. Sólo así los pueblos podrán definir su irrenunciable misión en la Tierra (Gaia) y en el Universo.


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